Según es un hombre, así ve las cosas

Para el cartel de nuestro X Congreso hemos elegido una acuarela de William Blake, de la serie que ilustra la Divina Comedia de Dante (1824-1827), titulada «El ángel que conserva el gran libro de los actos buenos y los malos». Aprovechamos la ocasión para acercaros al pensamiento que se esconde entre los versos, grabados e ilustraciones de este artista fascinante:

William Blake (Londres 1757-1827) es el autor de una serie de creaciones literarias y artísticas repletas de simbolismo. Construye un universo propio de términos e imágenes con el que pretende hacer accesibles verdades que considera fundamentales para la humanidad. Su estilo se desmarca claramente del resto de sus contemporáneos, y será una influencia decisiva para el grupo de los prerrafaelitas y para el Arts&Crafts de William Morris.

Una de sus facetas más estudiadas es la de crítico social: Blake utiliza su poesía y su arte como un medio de expresión crítica, producto de lo que T. S. Eliot llama «su peculiar honestidad». Entenderle dentro de las coordenadas de su tiempo es fundamental para adentrarse en su obra. Las inquietudes sociales de Blake son inseparables de su crítica al pensamiento filosófico, científico y religioso que se imponía en la época. Las figuras intelectuales más representativas del momento eran John Locke, con su epistemología racionalista y su defensa del deísmo, Isaac Newton y sus leyes físicas, y en general toda la tendencia pragmática, racionalista y mecanicista que imperaba desde Francis Bacon y René Descartes en el siglo anterior. Todas estas ideas horrorizan a Blake. La concepción mecanicista, tan vinculada al desarrollo de la revolución industrial, es vista por Blake como the dark satanic mills («los oscuros engranajes satánicos»). Con respecto al racionalismo, Blake desecha la diferenciación tradicional racional-corporal,  y se inclina por considerar al hombre como una unidad indivisible que alberga una doble razón: una sensorial, que recoge e interpreta los datos del mundo sensible, y otra imaginativa, que conduce al hombre a un nivel superior de existencia y comprensión.

Esto nos lleva a la que quizás es la faceta más relevante de su personalidad artística: el místico. El tono de los poemas de Blake y su universo simbólico apuntan a una dimensión mucho más profunda, iniciática. Como él mismo dice en una carta al Dr. Trusler del 23 de agosto de 1799: «sé que este mundo es un mundo de imaginación y visión. Todo lo que pinto lo veo en este mundo, pero parece que no toda la gente lo ve igual que yo. […] Según es un hombre, así ve las cosas».